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Después de los pobres resultados obtenidos a nivel de crítica y taquilla por el filme Star Trek: Nemesis en el no muy lejano 2002, el futuro de una de las franquicias de mayor existencia en el séptimo arte entró en duda. La posterior cancelación de su última serie televisiva agravó más la situación llegándose a considerar como poco probable volver a ver una nueva aventura del U.S.S. Enterprise en la gran pantalla.

Luego de una serie de estira y encoje por parte de Paramount Pictures, el conocido director J.J.Abrams (Lost, Mission: Imposible 3) toma las riendas de la famosa saga con el filme titulado simplemente Star Trek, el cual inyecta nueva vida a la dilatada franquicia a través de una propuesta interesante y atrevida.


Gran parte de esta propuesta recae en la idea de reiniciar la saga desde cero, algo considerado por muchos como lo más inteligente y agregarle un estilo cinematográfico más actual a una historia considerada como clásica.  El filme se centra en los inicios de James T.Kirk y Spock como jóvenes cadetes y el como lograron adueñarse de la nave y el surgimiento de su ya conocida amistad. Esto junto con el interés del realizador de relatar este “inicio” dentro de una línea temporal alterna a lo ya narrado anteriormente, se convierte en una jugada  muy calculada, planteada con inteligencia dentro de un terreno delicado y complicado de manejar.  El estilo de Star Trek cambia radicalmente de aquel tono de ciencia ficción clásico rodeado de hipótesis hacia uno ambientado dentro de un estilo de más acción.

A pesar de las posibilidades de no lograr su cometido, Abrams logra sortear hábilmente los obstáculos entregando un resultado sorprendente. La historia está muy bien estructurada con interesantes giros y un acercamiento más humano a cada uno de los clásicos personajes, quienes compuestos en esta ocasión por una estructura más compleja y el oportuno aporte de un buen elenco, han logrando  caracterizaciones más naturales permitiendo de esta forma una mayor identificación de la audiencia con cada uno de ellos. A pesar de este gran cambio, la escencia de cada uno de ellos se mantiene fiel en todo momento, creando  esa sensación de tributo y respeto  hacia el trabajo hecho en el pasado por actores como William Shatner, DeForest Kelley y Leonard Nimoy, quien en esta ocasión se despide con elegancia de su personaje de Spock.  Este planteamiento deja un sin número de puertas abiertas para futuras secuelas donde las cosas pueden replantearse con absoluta libertad por parte del equipo de producción.

Técnicamente  este nuevo Star Trek es algo muy bien constituido. El diseño de producción es muy acertado a pesar de las alteraciones en el diseño de varios elementos, añadiendo simplemente mayor funcionabilidad y actualidad las cuales logran conjugarse con los buenos efectos visuales cortesía de Industrial Light and Magic.  La banda sonora de Michael Giacchino, colaborador habitual de Abrams, es otro elemento positivo. Su composición logra ser el complemento perfecto con temas rodeados de una serie de elementos épicos, creando esa sensación de gran escala  muy inspirado en el trabajo de grandes maestros como John Williams y el fallecido Jerry Goldsmith.

Rodeada por un mensaje de positivismo, el Star Trek de Abrams es muy diferente a aquella saga de los años 60. Sus ingrendientes le permiten no solo volar por lo más alto de la taquilla, sino también reintroducirla a nuevas generaciones y a todos aquellos cinéfilos que nunca se habían identificado (en esos me incluyo) con algún capítulo de la saga. Todo esto le ha devuelto de una forma muy merecida la posición de privilegio que ostentó años atrás como referente del género de aventuras y ciencia-ficción.

Calificación: 9