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“Es una película, es una reconstrucción, pero aún así, duele”? Voz en off al inicio de reconstruction.

Rebautizada en español como “reconstrucción de un amor”, es fácil entender que me mostrara escéptico con esta película, sin embargo he tenido la suerte de contar con una novia con un excelente olfato para la cinematografía independiente (a ella le debo el descubrimiento de Peter Greenaway, Win Wenders y Jim Jarmush) y Reconstruction lo vino a confirmar.


Reconstruction es una producción danesa del 2003, se trata del primer largo de Christoffer Boe, quien recientemente rodó Allegro (2005) y actualmente trabaja en Offscreen.

Nacido en 1974, hay quienes ya miran con atención el desarrollo de este joven cineasta, considerándolo la nueva promesa del cine europeo.

¿Que hace de Reconstruction una película especial?
Se trata de una película de amor, no romántica, si no de amor, en la que la realidad se torna onírica e incomprensible, recordando por momentos los oscuros juegos de un David Lynch.

La historia ocurre en Copenhagen, dos parejas Alex y Simona, August y Aimee. Alex es nuestro protagonista, un joven fotógrafo, producto de la casualidad da con Aimee y decide abordarla si saber que esta casada.

Pasan una noche juntos y Alex se decide a dejarlo todo por ella, lo que no se espera es el profundo cambio que parece haberse operado en su vida luego de esa noche.

No cuento más, no sea que les arruine la experiencia, se trata de cine lento, para nada predecible y que puede dar material para horas de conversación.

Estamos ante una película que realiza, valga la redundancia, una reconstrucción de los procesos del amor y del deseo, en un escenario que cambia de acuerdo con las pulsaciones de sus protagonistas y que además, y esto fue para mi cautivante, asume una especie de distanciamiento cinematográfico.

La tónica general del cine es crear la ilusión de verdad, toda la maquinaria efectista hollywoodense está dedicada a la experiencia de lo hiperreal, la recreación sonora y visual destinada a que el espectador pierda de vista el hecho real, que la proyección es insustancial, tan solo representación.

Este hecho es el que da lógica a la obra, no importa que tan enmarañada nos parezca la trama, simplemente es como si estuviéramos escuchando al director disertar sobre los posibles mecanismos del deseo, pura reconstrucción de lo que puede ser, y de recordarnos eso se encarga la constante aparición del mago callejero que hace levitar cigarros, tanto en un instante la ilusión parece perfecta como al otro descubrimos lo burdo del truco.

Quizás al final, esta dialéctica de lo ilusorio que se manifiesta como causa de efectos dolorosos y reales es la mecánica misma de la vida, la ansiedad propia del amor y del deseo, una ilusión perfecta, a la vez que un burdo truco, pero el saberlo no evita que aun duela.

Reconstruction (2003). Dirigida por Christoffer Boe.
Protagonizada por Nikolaj Lie Kaas (Alex), Maria Bonnevie (Simone/Aimee), Krister Henriksson (August Holm).
Premiada con la Cámara de Oro del Festival de Cannes a la Mejor Opera Prima.

Trailer