Con las lluvias de mayo llegó La 240, la tercera y ultima muestra costarricense de jóvenes realizadores en video.
Por una semana el Teatro de la Danza en el Centro Nacional de la Cultura (CENAC) nos sirvió de cobijo ante las lluvias al tiempo que sirvió de espacio para la difusión de las propuestas de los realizadores.
Como repito cada año, sigo disfrutando más de La 240 que de la Muestra de Cine Video del Centro Cine, sin embargo creo que este año conviene señalar algunas deficiencias que se evidenciaron en la mayoría de los trabajos.
Pero primero lo primero, pasemos revisión a la organización
De lluvias y atrasos
Si bien, de alguna forma se estaba “entre familia”, un atraso como el que se tuvo el primer día es simplemente inadmisible, y digamos que pudo valer el primer gracias a la infinita paciencia de un público que está verdaderamente interesado en las proyecciones, sin embargo este hecho se repitió en siguientes funciones, e incluso, en la premiación.
He dicho que de alguna forma se está “entre familia”, y creo que ese es precisamente el peligro, comenzar a asumir una postura facilista y conformista, se que ese no es el caso de D_ficil Prod, organizadores de la muestra, pero es algo en lo que se puede caer.
De hecho considero que precisamente asumir el reto profesionalmente es lo que puede hacer la diferencia entre una muestra para el mismo círculo de realizadores y una que convoque públicos cada vez más amplios.
Definitivamente el cambio de escenario, de una muestra al aire libre a una realizada en sala, tiene que traer consigo nuevas situaciones y problemas de producción que un equipo no puede prever, eso se entiende, sin embargo no dejo de pensar que fuera de los problemas técnicos, con el cambio de escenario La 240 perdió algo de esa postura joven y rompedora que la diferenciaba.
Se entiende perfectamente que el cambio de fecha y factor clima obligan a realizar una muestra en sala, también creo que asumir la metáfora de la lluvia como parte del imaginario de la muestra ayuda a no perder el espíritu trasgresor de La 240, pero lo cierto es que el contexto de consumo al aire libre impone unas reglas y posibilidades muy distintas a las de una sala.
Por lo demás, otra maravillosa muestra para recordar, que nos permitió guarecernos de las frías lluvias de inicio del invierno al calor de la pantalla.
Sobre tener muchos recursos y no tener nada que decir (O de querer hacer cine en video y no asumir los recursos propios de lo digital)
Aquí me voy a ver en problemas, conmigo mismo y con quienes no compartan mi opinión, por un lado yo también soy realizador y por otro creo que en general todos los realizadores jóvenes necesitamos un jalón de orejas para tratar de despertar.
Existen como siempre muy buenos trabajos, como fue el caso de “Todo esta en la mente” de Carlos Porras y “Rabrú” de Roberto Román, pero también queda una especie de sin sabor con una buena parte de las producciones. Por tercer año consecutivo se da un intercambio entre los jóvenes realizadores nacionales donde además ha podido acceder a obras de jóvenes realizadores de otras partes del mundo y no parece que ello haya generado más cuestionamientos o inquietudes respecto a como y que narrar audiovisualmente.
Pudimos ver obras con una gran depuración técnica tanto en video como en animación, pero sus contenidos son absolutamente irrelevantes. ¿De qué vale entonces producir? ¿Por alcanzar el puro virtuosismo técnico?
Evidentemente tampoco se trata de pasar al polo opuesto, la producción audiovisual es tanto su contenido como su forma, y en esta ultima, si bien algunos realizadores muestran un manejo técnico excepcional, lo cierto es que nos encontramos más bien escasos de propuestas innovadoras, seguimos en la realización tratando de emular el lenguaje cinematográfico desde las limitaciones del video y los propios recursos.
Escasos trabajos, como “Jugando” de José Alberto Arce, se esfuerzan por explorar el universo expresivo propio del video, en su mayoría los trabajos presentados son extraños híbridos en video que pretenden emular el estilo de los cineastas de moda dando resultados más bien irregulares.
El video tiene una serie de posibilidades de montaje y fotografía que la mayoría de los jóvenes realizadores no ha sabido apreciar, eclipsados por el fetiche de lo cinematográfico.
Afirmación dura, lo es, pero las obras presentadas en La 240 parecen confirmarlo.
Sobre los jurados y algunas novedades
Y hablando de cosas duras, el jurado de este año verdaderamente se lo tomo a pecho, conformado por el realizador guatemalteco Julio Hernández, el productor chileno, Esteban Zabala, el periodista costarricense Dario Chinchilla, la exdirectora general de Cultura, Alexandra De Simone, y el realizador Julio Molina, llamaron la atención sobre la ausencia de ficciones mejor estructuradas y planteamientos más universales.
Esto junto al hecho de declarar dos de los premios desiertos (uno de los Premios del Jurado y la mención a Mejor Propuesta Visual), debe ser tomado como una llamada de atención.
Por otro lado La 240 contó con una refrescante novedad, la presentación de los ganadores del concurso “Hacé tu corto”.
“Hacé tu corto” es concurso organizado por D_ficil Prod en conjunto con UNICEF, la Dirección Nacional de Cultura y Producciones 921, en el cual jóvenes con experiencia y sin ella, presentaron proyectos para cortos que hablaran sobre derechos de la niñez, el premio fue la realización y distribución de los cortometrajes.
La idea de presentar estos trabajos dentro de la muestra regular me parece todo un acierto, pues se trata de interesantes propuestas que de otra forma pasarían desapercibidas.
¿La ultima 240?
Pues eso fue lo que se nos hizo creer, pero muy por el contrario, La 240 en su próxima edición dejará de ser una muestra nacional, para convertirse en un festival centroamericano de los jóvenes productores audiovisuales, en buena hora.
Eso significa que desde ahora debemos prepararnos para establecer un diálogo enriquecedor entre los países centroamericanos, un intercambio desde el cual quizá sea posible proponer proyectos que vayan más allá de las fronteras nacionales, tanto las geográficas como las que nos ha impuesto nuestra propia intolerancia.
La 240, festival centroamericano de jóvenes realizadores en video, ya lo estamos esperando.
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