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Christopher Nolan vuelve con fuerza a la gran pantalla. Dos años después de The Dark Knight, el realizador presenta Inception, una propuesta basada en el género de ciencia ficción a través de la cual el submundo de los sueños es cuestionado y analizado. ¿Hasta dónde puede llegar un sueño? ¿Puede este afectar una persona e incluso llegar a definir el concepto de realidad?

Interrogantes como éstas son la base de una película de la cual se ha hablado mucho en estos días, producto de una fuerte campaña publicitaria la cual define a Inception como la obra maestra de este realizador quien parece afianzarse como uno de los directores más importantes de la actualidad.

El filme rompe de primera entrada con ese esquema “light” presentado en el resto de películas del verano estadounidense. El tema del poder de los sueños y en especial del subconsciente es traído acá con gran astucia. Nolan plantea  una serie de hipótesis sobre la posibilidad de hacer germinar una idea en una mente llegando incluso a redefinir una persona. Esto le permite jugar además con los conceptos de realidad y la locura, del como muchas veces la mente se pierde a la hora de distinguirlos producto de esa línea tan delgada que los divide.

Estructuralmente hablando, el argumento es en sí lineal. Sin embargo, se nutre hábilmente de los supuestos e interrogantes establecidas para adquirir una mayor composición. Esto le da el crecimiento y sustento necesarios para no estancarse,  llegando finalmente a buen puerto.

Como es costumbre en trabajos previos de Nolan, el equipo actoral demuestra estar a la altura. Leonardo DiCarpio entrega una interpretación sólida a través del torturado Cobb. Esta se ve enormemente complementada gracias al talento del japonés Ken Watanabe y los estadounidenses Ellen Page y Joseph Gordon-Lewitt en sus respectivos roles de reparto.

Técnicamente destacan la fotografía de Wall Pfister con un buen manejo del efecto de profundidad en secuencias clave.  Cabe también recalcar el trabajo de apoyo realizado por una buena banda sonara cortesía del eficaz Hans Zimmer. El compositor integra de forma hábil el tema “Non, Je Ne Regrette Rien” de Édith Piaf como inspiración principal para la musicalización del filme.

A pesar de sus múltiples virtudes, Inception no escapa de tener sus defectos. El extenso clímax de la película afecta un poco la intensidad del filme dando por momentos la sensación de querer ver un descenlace más concreto el cual perfectamente hubiese hecho más por la película.

Sin llegar a ser la obra maestra de Christopher Nolan, Inception es una propuesta innovadora y refrescante. El realizador muestra una gran creatividad al entregar un trabajo atípico al común “blockbuster” hollywoodense, lleno de sorpresivas interrogantes las cuales harán pensar a más de uno.  Cine cerebral como pocos, pero no para todos.

Calificación: 8.5