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El encanto de sabotear la realidad

A Federico López

In Memoriam

Lo que usted leerá a continuación es una serie de extractos del anteproyecto de una investigación universitaria titulada “Más allá de lo real” en proceso de realización. Art Studio Magazine le advierte que, pese a tratarse de retazos inconclusos, los textos que siguen pueden hacerle dudar de sus capacidades cognoscitivas y de la realidad tal como se la había imaginado hasta ahora.

Empecemos pues…

El falso documental

La realización de audiovisuales de estética documental pero de contenido ficticio no es un invento reciente, originalmente una propuesta de irreverencia y ruptura, su historia puede remontarse cuarenta años atrás, pero es hasta la coyuntura actual que adquiere un valor más allá de la curiosidad y el chiste.

El género documental como tal, ha vuelto a ganar la atención del público después de ser un género para especialistas, desde el “Buena Vista Social Club” de Win Wenders hasta el “Fahrenheit 911” de Michael Moore.

No es de extrañar que ante este auge del audiovisual como recreador de la verdad, se de también el opuesto, el audiovisual como recreador de la mentira, de manera que en los últimos años hemos visto también un auge de documentales falsos, tales como el comercial y cuestionado “Blair Witch Project”, hasta trabajos más serios e inquietantes como:

Aro Tolbukhin. En la mente del asesino (Mexico, 2002, A. Villaronga, L. Zimmermann e I.P. Racine). Historia del asesino en serie Aro Tolbukhin, el relato de su infancia y de sus traumas, una historia que juega con los sentimientos encontrados que en el espectador pueda generar la humanización de un monstruo.

UR4 Given (Estados Unidos, 2004, Cinqu` Lee). Falso documental sobre el abuso y violación de menores, donde una mujer que fue abusada en su infancia recoge testimonios de otras personas con historias similares, en la medida que se adentra en las historias invita a las victimas a confrontar a sus victimarios.

CSA: Confederate States of America (Estados Unidos, 2003). Repaso sobre la historia de los Estados Unidos después que los Confederados ganarán la Guerra de Secesión. El “documental” relata la expansión Confederada al sur de América, el pacto de no agresión con Hitler y el desarrollo de una sociedad esclavista, que a veces parece peligrosamente cercana a la nuestra.

Cravan Vs Cravan (España, 2002, Isaki Lacuesta). La historia de Arthur Cravan, poeta dadaísta suizo y también boxeador, tal vez pintor, y sobrino de Oscar Wilde, tratar de reconstruir su vida es tratar de atrapar un fantasma. A lo largo del filme vemos académicos asombrados de la calidad de la poseía de Cravan y de su ausencia en las enciclopedias. Un audiovisual que juega con los conceptos del ser individual y el ser colectivo, Cravan podemos ser todos, ilustres desconocidos.

Noviembre (España, 2002, Achero Mañas). Historia de cinco jóvenes integrantes del extinto grupo de teatro callejero “Noviembre”. Este falso documental es un ensayo sobre un mundo que aplasta cualquier intento de rebeldía artística.

El falso documental es la categoría antinómica por definición del documental, desde que se pretende la representación veraz de lo real a través de la imagen, existe también la posibilidad de mentir a través de la misma imagen.

El falso documental juega con las categorías de lo real, el engaño y el fraude; sin embargo sus implicaciones van más allá de la mofa y el chiste. El uso del lenguaje “documental” para llevar a cabo la acción contraria, “desautorizar”, tiene actualmente un carácter político. “Existe un tipo determinado de texto que, bajo la apariencia formal de lo que conocemos como “documental”, libra una subterránea batalla ideológica contra aquello que se pretende esencia misma del genero: su incuestionable veracidad” (Fernando de Felipe, El ojo resabido (de documentales falsos y otros escepticismos escópicos) En: Imágenes para la sospecha. Falsos documentales y otras piruetas de la no ficción. Ediciones Glenat, Barcelona, 2001. Pág. 35).

Si bien existen falsos documentales desde los principios del cine, es ahora que estos cobran un sentido más crítico, en cuanto vivimos en una sociedad que ha hecho de la “verdad” una especie de fetiche de una fe postmoderna por la imagen (Jordi Sánchez Navarro, El mockumentary: de la crisis de la verdad a la realidad como estilo. En: Imágenes para la sospecha. Falsos documentales y otras piruetas de la no ficción. Ediciones Glenat, Barcelona, 2001. Pág. 30).

Cuando hablamos de falso documental nos referimos a un documento que no pretende pasar por verdadero. No nos referimos a un documental fraudulento, nos referimos a un texto cuya intencionalidad es hacernos percatar sobre los débiles cimientos sobre los que construimos nuestra representación de lo real:

“La parodia del documental permite al espectador cuestionarse por qué cree en el documental (Jordi Sánchez Navarro, El mockumentary: de la crisis de la verdad a la realidad como estilo. En: Imágenes para la sospecha. Falsos documentales y otras piruetas de la no ficción. Ediciones Glenat, Barcelona, 2001. Pág. 25).

Un falso documental no atañe tanto al objeto sobre el que documenta, como al consumo y apropiación de la imagen. No se trata de atacar el modelo de partida, sino demostrar que somos una sociedad que prefiere las representaciones a los hechos reales.

En países como el nuestro, sometidos ya no solo a una dependencia económica, sino también informacional, cobra todavía más sentido cuestionar desde dónde nos representamos lo “real.

Sus características

“La característica fundamental de los mockumentaries (Del ingles mock, burla) es que en todo momento existe en ellos la evidencia de la naturaleza ficcional de la pieza” (Jordi Sánchez Navarro, El mockumentary: de la crisis de la verdad a la realidad como estilo. En: Imágenes para la sospecha. Falsos documentales y otras piruetas de la no ficción. Ediciones Glenat, Barcelona, 2001. Pág. 13)

Fernando de Felipe, quizá más claro aun:

“El ironista no pretende timar a su público, sino ser descifrado por él. De la misma manera, el (falso) documentalista no aspira sino a ser reconocido en su esfuerzo por apartarse de la corrección política (y epistemológica) y hacernos reaccionar a través de la transgresión.”

Pero ante todo, lo que nos puede permitir discernir las tendencias propias del falso documental, es el análisis de los falsos documentales realizados en el mundo hasta ahora.

Quiza los más representativos “F de Fraude” de Orson Welles, “Zelig” de Woody Allen, “The Falls” de Peter Greenaway, “Forgotten Silver” de Peter Jackson y “Tribulation 99. Alien anomalies under America” de Graig Baldwin.

En “F de Fraude” Orson Welles de 1973, se sientan las bases de lo que podríamos llamar un antigénero, Welles, la falsa historia “real” de un individuo dedicado a hacer falsificaciones, el “cameo” es la clave para la interpretación del filme.

“Zelig” de Woody Allen fue un experimento en 1983 que ensanchó los límites del cine, la biografía de Leonard Zelig, un hombre camaleónico, al que su mimetismo le permite estar presente en toda serie de acontecimientos históricos, recurso que posteriormente sería tomado por Robert Zemeckis para Forrest Gump. La diferencia estriba en que “Zelig” está construida como si fuese una recopilación de documentos históricos reales con entrevistas a especialistas como Susan Sontag o Bruno Bettleheim.

Tres años antes, Peter Greenaway presentaba “The Falls”, noventa y dos cápsulas biográficas de noventa y dos de los dieciocho millones de supervivientes del “Violent Unknown Event”, los apellidos de los noventa y dos personajes empiezan todos con las letras FALL. El absurdo compone una llamada de atención sobre el documental reflexivo.

El más reciente de los textos fílmicos citados, es “Forgotten Silver” de 1995, una irreverente recreación de la historia del cine, donde se descubre un olvidado pionero del cine en Nueva Zelanda, quien no solo rodó una película de épica, “Salomé”, antes que “Intolerancia” de Griffith, si no que se adelantó en el desarrollo del cine sonoro y a color. La doble presencia de Peter Jackson como entrevistador del documental y protagonista de las películas de Colin McKensie pone en evidencia
el engaño.