
A Federico López
In Memoriam
Lo que usted leerá a continuación es una serie de extractos del anteproyecto de una investigación universitaria titulada “Más allá de lo real” en proceso de realización. Art Studio Magazine le advierte que, pese a tratarse de retazos inconclusos, los textos que siguen pueden hacerle dudar de sus capacidades cognoscitivas y de la realidad tal como se la había imaginado hasta ahora.
Empecemos pues…
La realización de audiovisuales de estética documental pero de contenido ficticio no es un invento reciente, originalmente una propuesta de irreverencia y ruptura, su historia puede remontarse cuarenta años atrás, pero es hasta la coyuntura actual que adquiere un valor más allá de la curiosidad y el chiste.
El género documental como tal, ha vuelto a ganar la atención del público después de ser un género para especialistas, desde el “Buena Vista Social Club” de Win Wenders hasta el “Fahrenheit 911” de Michael Moore.
No es de extrañar que ante este auge del audiovisual como recreador de la verdad, se de también el opuesto, el audiovisual como recreador de la mentira, de manera que en los últimos años hemos visto también un auge de documentales falsos, tales como el comercial y cuestionado “Blair Witch Project”, hasta trabajos más serios e inquietantes como:
El
falso documental es la categoría antinómica
por definición del documental, desde que se
pretende la representación veraz de lo real
a través de la imagen, existe también
la posibilidad de mentir a través de la misma
imagen.
El falso documental juega con las
categorías de lo real, el engaño y el
fraude; sin embargo sus implicaciones van más
allá de la mofa y el chiste. El uso del
lenguaje “documental” para llevar a cabo
la acción contraria, “desautorizar”,
tiene actualmente un carácter político. “Existe
un tipo determinado de texto que, bajo la apariencia
formal de lo que conocemos como “documental”,
libra una subterránea batalla ideológica
contra aquello que se pretende esencia misma del genero:
su incuestionable veracidad” (Fernando de
Felipe, El ojo resabido (de documentales falsos y
otros escepticismos escópicos) En: Imágenes
para la sospecha. Falsos documentales y otras piruetas
de la no ficción. Ediciones Glenat, Barcelona,
2001. Pág. 35).
Si bien existen falsos documentales desde los principios del cine, es ahora que estos cobran un sentido más crítico, en cuanto vivimos en una sociedad que ha hecho de la “verdad” una especie de fetiche de una fe postmoderna por la imagen (Jordi Sánchez Navarro, El mockumentary: de la crisis de la verdad a la realidad como estilo. En: Imágenes para la sospecha. Falsos documentales y otras piruetas de la no ficción. Ediciones Glenat, Barcelona, 2001. Pág. 30).
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