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Umbral de fuego recopila un porcentaje importante del trabajo del artista Rafael Ottón Solís. La instalación como eje central, se acompaña de lo bidimensional a partir del vínculo temático.

Referentes como la guerra, la situación centroamericana y el sufrimiento, se enlazan a una espiritualidad solidaria. La reminiscencia del espacio sagrado y de elementos que constituyen altares y semillas de vida, se levantan como evidencias de una realidad, de un recorrido por obras que buscan la comunión.

El artista nos presenta una visión de la religiosidad y de la fe, de una manera integradora. El legado de lo cristiano, la herencia de lo precolombino y diversas concepciones orientales, se entremezclan para dar paso a una idea vinculante de lo sagrado. Esta amplia concepción de lo sacro, propicia la reflexión a través del elemento simbólico, de la utilización del espacio como recinto ceremonial.

La presencia del contexto histórico, lo social y lo político, se integran con temas como lo litúrgico y lo ritual. Los conflictos armados, ya sea dentro del propio istmo o fuera de él, se traducen en obras a manera de esperanza. La sangre, los exvotos, las balas, el pan; todos, elementos de una vivencia sacramental.

La instalación como un lenguaje constante, recurre a la utilización de materiales simples, pobres, materiales de construcción que se suman a una paleta cromática austera. La utilización y reutilización de estos recursos, hacen que los mismos se impregnen de significado y de memoria.

La pintura se integra a lo tridimensional de una manera escenográfica. La búsqueda por la abstracción integrada a lo matérico, conlleva a una economía de recursos. Los espacios construidos por Solís buscan la magnitud, lo contundente, lo eterno. Historias de una época convulsa, historias de lo humano; historias que se perfilan en imágenes como pasajes de lo vivido.

María José Chavarría
Curadora
Museo de Arte y Diseño Contemporáneo

Inauguración jueves 25 de noviembre 2010, 7 p.m.
Museo de Arte y Diseño Contemporáneo

Abierta al público hasta febrero 2011

“…Tomad, es mi cantar. Os lo dejo. Os lo
consagro.
Tomad, es mi oración, manantial de belleza,
Si es que sirve el espejo donde se halla el
anhelo…

Tomad es mi cantar, umbral de fuego.
Templo del corazón donde se puede hallar
El más secreto signo del misterio.
Tomad, es mi cantar…
Quiero deciros tanta enajenación que no se
encuentra
Tanta locura azul de corazón abierto
Dicho en humo extraviado.
Os conjuro.
Dejadme el maleficio de la llama.
Voy a quemar estrellas y azafranes,
Voy a destruir anillos que no tienen
caminos.
Haré de ceniza, de rescoldo, de estirpe,
De fuego que jamás se termina y no cierra
los ojos,
Los cantos de mi sangre…”

José Roberto Cea
Extracto del poema
“Ritual del que recibe”
(El Salvador, 1939)

La fe, el sacrificio, el dolor… la vida.