
Adicto a la fama, el pintor catalán vivió obsesionado por convertirse en un genio, lo que constituyó su tema de conversación favorito. Y dicen los que lo conocieron que hablaba mucho.
Esta felicidad por ser él mismo fue ya bastante avance, ya que a los seis años quería ser un pastel, y a los siete, Napoleón. Finalmente concluyó que algún día llegaría a ser un genio, porque había encontrado la clave para ello: comportarse como si ya lo fuera.
Infancia y Juventud
Nació el 11 de mayo de 1904 en Figueras, Gerona. Hijo del notario Salvador Dalí i Cusí y de Felipa Doménech, su nombre debió ser la primera excentricidad, todavía no consciente, de su vida: Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí.
Comenzó sus estudios primarios a los siete años, que continuaría en los Hermanos de la Doctrina Cristiana y en los Maristas de Figueras a los diez años. Ya entonces, maravillado por la pintura impresionista de Ramón Pichot, amigo de la familia, pintó su primer autorretrato aprovechando una convalecencia en casa del pintor.
Tan sólo dos años después lo encontramos siguiendo los cursos de dibujo de su venerado Juan Núñez. A los quince años, su actividad ya es febril: Modesto Urgell, Ramón Pichot, Mariano Fortuny, el realismo del siglo XIX, el impresionismo, el puntillismo, el cubismo.
“...descubría el cubismo y me apasionaba por Juan Gris a través de los artículos de la revista "L'Espirit Nouveau", a la cual estaba suscrito. Devoraba los libros. Después de asistir a las clases de los Hermanos de las escuelas Cristianas, había entrado en la de los Maristas para seguir mis estudios secundarios. Pero al margen del programa, yo leía con pasión a Nietzsche, el Diccionario filosófico de Voltaire, y sobre a todo a Kant, cuyo imperativo categórico me parecía incomprensible y me sumía en profundas reflexiones. Rumiaba mucho tiempo sobre los textos de Spinoza y de Descartes. Acumulaba así buena cantidad de material especulativo y sembraba los gérmenes de reflexión profunda que un día debían constituir la base de mi metodología filosófica. Mis ideas eran todavía cortas, aunque mis cabellos y mis patillas se habían hecho largos. Para contrastar todavía más con mi rostro delgado y oliváceo, llevaba una corbata de lazo. Mi atuendo lo formaba una blusa de marinero y unos pantalones anchos con bandas hasta las rodillas. Una pipa de espuma, cuya cazoleta representaba una cabeza de árabe de amplia sonrisa, y una aguja de corbata montada con una moneda griega eran mis adminículos usuales. Mi atuendo causaba sensación y mi talento intrigaba".
La combinación de talento y excentricidad que le caracterizarían durante toda su vida empezaba entonces a surgir efecto. Los críticos alabaron su obra cuando expuso dos cuadros en una exposición colectiva de Figueras. En 1919 fue detenido por participar en una revuelta estudiantil. Mientras empezaba a pintar a la aguada colaboró en una revista académica responsabilizándose de la sección de arte.
Madrid, París, Londres, Nueva York
Trasladado a Madrid en 1921, cambia sus costumbres bohemias y excéntricas por una existencia de auténtico "Gentleman".
Asiste a la Escuela de Bellas Artes y conoce a García Lorca y Luis Buñuel. Su pintura en esta etapa es muy clásica, como demuestra en "Retrato de mi tía", "Autorretrato del artista en su caballete" o "Botijo".
En 1922 expone de nuevo en una colectiva de Barcelona, pero al año siguiente es expulsado de la escuela por incitar a la protesta contra el nombramiento de un profesor. Las autoridades, alertadas de su carácter agitador, ordenan su encierro durante un mes en Figueras, a título preventivo. Ya reincorporado a la Escuela de San Fernando, en 1925 realiza su primera exposición individual, en las Galerías Dalmau de Barcelona.
Al año siguiente es expulsado definitivamente de la Escuela por su comportamiento extravagante, a pesar de obtener excelentes resultados académicos. Como expresión de su deseo de cortar con su pasado más reciente, abandona sus maletas en Madrid. En 1927 viaja a París con su hermana y su tía después de cumplir el servicio militar durante nueve meses, lo que le da la oportunidad de conocer a Pablo Picasso. "La miel es más dulce que la sangre", su primera obra surrealista, aparece este mismo año. Inicialmente fue titulada "El bosque de los aparatos" por su amigo García Lorca, para el que Dalí pintará los escenarios de "Mariana Pineda".
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