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Por Mario Rodríguez Guerras, colaborador de ArtStudio Magazine

En este artículo se hace una justificación de la consideración del arte del siglo XX como análisis científico de la obra de arte.

Las vanguardias realizan un análisis de la obra para determinar la esencia del arte. La variedad de estilos que generan las tres corrientes principales son consecuencia de la necesidad absoluta de determinar los elementos que intervienen en la creación de la obra. Al generarse las vanguardias mediante un análisis técnico consideramos que el origen de ellas es una tendencia cientifista del arte.

Podemos entender que de la misma forma que la órbita de los planetas viene determinada por sus características y que, inversamente, el carácter de los hijos viene condicionado por el orden de su nacimiento, las corrientes del arte del siglo XX ocupan una posición y tienen unas  propiedades impuestas por una ley. Esto, que ni siquiera ha sido imaginado por la filosofía o la crítica, es la conclusión de la aplicación de principios filosóficos al arte.

Schopenhauer en su libro La Cuádruple Raíz del Principio de Razón, explica que nada ocurre sin una causa. Causa es aquello que produce necesariamente un efecto. El conocimiento que podemos tener de un fenómeno se produce gracias a tres facultades que posee el hombre: la sensibilidad, el instinto y la razón. La sensibilidad nos permite conocer las cualidades a priori del objeto: su posición en el espacio y en el tiempo. El instinto nos permite conocer los fenómenos físicos, lo que se identifica con la experiencia o percepción a través de los sentidos. Y la razón permite extraer conclusiones mediante juicios y conceptos. Esto le permite al hombre tener tres tipos de información para comprender cada fenómeno, denominados Principio de Razón Suficiente (P.R.S.) del ser, del devenir y del conocer. La cuarta raíz que estudia Schopenhauer son los motivos, que no se presentan más que cuando existe consciencia, por lo tanto, sólo los posee el hombre. Cuando aplicamos esta teoría al arte del siglo XX vemos que es capaz de explicarla, y ello es debido a que la mentalidad científica se ha extendido sobre el hombre y la manifiesta en sus actos.

La definición de arte: idea, materia, técnica y figura se corresponde con las formas de conocimiento: geometría, cambios, conocimiento y obrar.

Los estilos que se desarrollaron a principios del siglo XX estaban completamente determinados una vez que el arte aceptó la máxima: todo tiene que ser comprensible para que pueda ser comprendido ¹, una vez que el artista aplicó los principios científicos al arte. Como ya hemos indicado, el estudio se realizó sobre los aspectos visibles de la obra: la materia, la figura y la técnica, y en ellos se va a aplicar el P.R.S. del devenir, del obrar y del conocer. A su vez, la aplicación de los tres  principios de razón a la primera de esas cualidades, a la materia,  tiene un fundamento filosófico y así, el P.R.S. del conocer permitiría conocer el objeto cómo fenómeno en el que se manifiesta la materia, dando lugar al arte conceptual. Por el P.R.S. del devenir, conocemos el estado actual de la materia, cuya esencia (o sustancia) es la que analiza el arte matérico. Y, finalmente, el P.R.S. del ser, que estudia la posición en el espacio y el tiempo, se ocuparía de los aspectos trascendentales de la materia y produciría el arte abstracto.

Igualmente, el artista del siglo XX aplicará estos tres principios al segundo aspecto material de la obra, a la técnica de representación, cuyo objeto es conseguir que la ejecución de la obra tenga una relación con la realidad que se pretende plasmar de tal forma que se pueda identificar y que en esa relación exista la mayor fidelidad posible, por lo que estudiará en profundidad: 1º, la posición de la figura en el espacio y el tiempo; 2º, la configuración actual de la figura; y 3º, la composición de la figura; y esto  conforme al P.R.S. del ser, del devenir y del conocer como hemos dicho. Hemos resuelto el enigma que ha perturbado a los pensadores del siglo XX, el significado último del cubismo: Trata de determinar cómo el artista construye las representaciones que nos ofrece, es por lo tanto, la aplicación del principio de razón del conocer a la parte técnica de la construcción material de la obra de arte. Sus formas, el geométrico, el analítico y el sintético, se corresponden, según el principio de razón, con el estudio que en cada caso se está realizando.

Tanto el estudio de la materia como el de la técnica de representación se ocupan de las mismas cuestiones: de la geometría, o posiciones en el espacio; de los cambios de la materia o de sus límites actuales; y del objeto en que se manifiesta o los elementos que le componen. Cada uno lo hace en la forma que convienen a su estudio, pero siempre de las mismas cuestiones.

El tercer aspecto que estudia el arte cientifista es la figura que se representa. Esto sería la aplicación del P.R.S. del obrar, de la motivación en su significación externa pues lo perceptible de esta forma de motivación es la  expresión que es la que se percibe y la que se representa. El acto que se realiza y produce la imagen que se trasmite, es decir, aquello que se conoce mediante la percepción empírica, es consecuencia de unos motivos. El resultado de esta aplicación de la teoría al arte son los expresionismos, cargados de contenido social. Descubrimos también, por razones distintas a las anteriores, sus tres formas en el Fovismo francés, el Jinete Azul y El Puente que constituiría el expresionismo por excelencia.

Por lo tanto, las vanguardias, resultado de una tendencia cientifista por consistir en un estudio racional del arte, han generado tres movimientos diversos  según el aspecto de la construcción del arte que en cada caso se ha contemplado. Cuando el artista se ha ocupado de la materia lo ha hecho insertado inconscientemente en una corriente que podríamos denominar matericista. Cuando el objeto del análisis ha sido la técnica de representación, se hacía dentro de una corriente tecnicista. Y, cuando se analizan las actitudes que adoptan las figuras representadas podemos entender la existencia de una corriente figuracionista en la que parece existir una auténtica representación, si bien mirada de cerca, esta corriente es también un estudio teórico de esas actitudes y no la representación de una escena.

Nota  1.-F.Nietzsche, Sócrates y la tragedia, Nietzscheana:
(http://www.nietzscheana.com.ar/socrates_y_la_tragedia.htm)
En la época de decadencia de la tragedia griega, Eurípides busca su trasformación al considerar que las obras anteriores no resultaban comprendidas. Así creó caracteres muy definidos pero menos profundos que los de Esquilo y Sófocles. Sus héroes son tal y como se muestran, pero demuestran no ser más que esamanifestación.