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Por Mario Rodríguez Guerras, colaborador de ArtStudio Magazine

Es muy posible, al menos a nuestro entender, que la valoración de la obra de Bacon haya sido realizada solo desde un punto de vista. Nosotros advertimos en su obra, como en todas, dos aspectos, uno interno, el sentido del arte, otro externo, la intención del artista. La percepción de la obra por parte del espectador dependerá de que se trate de un espectador estético o de un espectador crítico.

La obra de Bacon es la obra de un ser abandonado por su familia, homosexual, enfermizo, políticamente comprometido, y anticlerical. Su padre era una persona de grandes principios, es decir, muy respetuoso con la sociedad, es decir, temeroso de la sociedad. Nunca hubiera hecho nada fuera de las normas sociales y no permitiría que su hijo hiciera nada que no pudiera ser digno de la aceptación general: El valor social como principio del honor es un error, pero la trasgresión como principio del arte constituye otro error no menos grave. Los principios hemos de buscarlos en el sujeto, ni en la afirmación ni en la negación de esa sociedad. Estos datos biográficos están recogidos en la mayoría de las obras sobre este artista. Y sin embargo ningún crítico ha llegado a plasmar en sus conclusiones aquello que es tan evidente y para lo que no se necesita ni la profundidad de un mal psicólogo: que ningún artista puede aportar nada distinto de lo que ya lleve dentro. Bacon fue una persona incomprendida por su familia y por la sociedad. También se siente frustrado porque no se acaban de implantar sus propuestas para sustituir todas las estructuras conservadoras que son el origen de sus males. La obra de un artista no puede ser otra cosa más que la expresión de sus sentimientos.

“Pintura, 1946”, esta obra es consecuencia del escarnio que viene sufriendo por parte de la sociedad. El aspecto monstruoso de la figura central muestra el estado en que el propio autor se encuentra. La figura no es tanto una figura grotesca como la imagen de su alma, en la que se muestran los destrozos que le han causado los hombres y que vuelve a mostrar metafóricamente sobre el cuerpo abierto del animal. Pero la carne expresa también el deseo del artista de destruir para obtener una compensación. La carne muestra simultáneamente su  dolor y su deseo de destrucción. La barandilla circular que le rodea sirve para acotar un espacio real pero también significa el movimiento, dando a entender que la carne y la figura son intercambiables. La víctima y el verdugo son la misma cosa. La sonrisa sardónica (risa y pesar) de la figura grotesca es consecuencia tanto el daño soportado como por el infligido. El paraguas abierto indica, en muchas ocasiones, un espacio concreto pero también significa la necesidad de protección.

Pintura, 1946. Francis Bacon

Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión, 1944. Esta obra expresa un profundo dolor. Esta obra no muestra ninguna violencia sino sus efectos emocionales. Esta obra no es imposible de interpretar. Éste cuadro es un cuadro en el que se muestra el dolor de las figuras que en él aparecen. El dolor, que causa daño en el alma, el dolor, que por experiencia propia, sabemos que destroza el alma y por lo tanto la transforma, la deforma, le muestra metafóricamente como  transformación del cuerpo de las figuras que sufren la pena. La transformación de los cuerpos en formas y figuras amorfas no significa otra cosa que el dolor primordial de la vida que se expresa en toda forma animal. El animal representa las pasiones más allá de toda racionalización. Si hay alguna violencia en el cuadro no es física es emocional, es la que causa el dolor en los sentimientos de los hombres.

Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión, 1944. Francis Bacon

Los retratos los realizaba a partir de fotografías de los modelos. El retrato es un homenaje al modelo. En cambio, Bacon los retrata con una intención destructora, lo que supone un perjuicio personal. La convulsa personalidad de Bacon es lo que nos muestra en su obra. Su obra solo ha sido analizada desde una posición por una crítica que también se opone a las estructuras establecidas porque Bacon encarna la oposición a las antiguas estructuras.

Los prismas y los cilindros en los que inserta las composiciones son la delimitación de un espacio real que se insinúa pero no se describe. En ocasiones, los prismas aparecían abiertos, dando a entender que se trata del esquema de la perspectiva del espacio en el que se desarrolla la acción. La evolución artística y personal le llevó a cerrar las composiciones, como símbolo de protección o de encierro o de aislamiento. La insinuación del espacio nos indica la referencia a la realidad, es decir, son signo inequívoco de que la obra de Bacon trata de asuntos mundanos. Muestra, a través de la complejidad del mundo, el sinsentido del mundo. Sin embargo, la expresión de su obra es expresionista. Esto se explica porque el significado del expresionismo es el de modificar el mundo mediante la acción, lo que es coherente con su intención. Pero emplea figuras con formas propias del surrealismo. Esta combinación de surrealismo y expresionismo, movimientos tan dispares entre sí, se justifica por el hecho de que, por una parte, el artista sufre; por otra, el artista desea trasformar el mundo que le causa el dolor; tiene la sensación de vivir en un mundo que es necesario cambiar mediante acciones determinadas. Bacon se queja, con amargura, de lo que la existencia le ha deparado pero sublima su resentimiento mediante la satisfacción en la creación artística. Gracias a ello, siendo una personalidad complicada, como artista  consigue ofrecer un sentido en su obra. Los problemas de la existencia hacen referencia a los suyos. Su obra no evita lo trascendental aunque no lo busca como fin, sino como queja. Bacon trata exclusivamente de su dolor, el cual le ha permitido alcanzar un conocimiento a través de la sensibilidad para ser capaz de entender en su propio dolor personal el dolor universal. No pretende alcanzar la idea sino mostrar el fenómeno, pero la alcanza porque en su obra evita referencias individuales al haberse convertido en sujeto.

Estudio del Papa Inocencio X de Velázquez, 1953. Francis Bacon

No ha habido, entre los grandes maestros de la pintura, ninguno que haya sido más subjetivo ni más personal que este, porque Bacon sólo habla de Bacon, a Bacon no le interesa el mundo, sólo le interesan los problemas de Bacon. El dolor universal de que trata le trata porque le conoce en primera persona nunca se ha ocupado de cuestiones ajenas. Su obra es, para el buen psicólogo, un perfecto reflejo de su carácter: Un perfecto reflejo de todos sus problemas personales. Pero los hombres que solo conocen la felicidad y la pena pero que desconocen la satisfacción y el dolor, no poseen referencias personales con las que comprender lo que Bacon les está diciendo.

En general, al analizar el valor y sentido de la obra de Bacon  se ha captado la intención trasgresora de su obra –pero no su sentido- por eso, la defensa de su obra ha sido la defensa de un acto de trasgresión. Pero si es apreciada especialmente en nuestra época no es solo por este aspecto sino porque reclama el derecho del hombre a mostrar su queja por su situación y es el primer artista que lo hace. Con ello, se pretende reclamar el derecho a ser atendido de tal forma que se asiente en la sociedad la idea de que los problemas humanos deben ser solucionados por la sociedad, en lugar de ser ella su causa. Así se intenta establecer un nuevo derecho social.