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por Ernesto Calvo

O (DE) CONSTRUCCIONES PICTÓRICAS

PINTURA + grabado, graffiti, video, objeto intervenido, dibujo, fotografía, collage, escultura, instalación.

Artistas:

Otto Apuy • José Alberto Arce • Adrián Arguedas • Pedro Arrieta • Ricardo Avila • Luis Barba • Moisés Barrios • Carlos Capelán • Andrés Carranza • Adriana Castro • Yamil De la Paz • Arturo Duclos • Darío Escobar • Claudio Fantini • Flavio Garciandia • Nicolás Guagnini • Habacuc • Fabio Herrera • Federico Herrero • Francisco Larios • Lucía Madriz • Fabián Marcaccio • Mario Maffioli • Jorge Luis Marrero • Nadia Mendoza • Priscilla Monge • Victoria Montero • Udo Noger • Esteban Piedra • Daniel Scheimberg • Alejandro Ramírez • Omar Rivillas • René Francisco Rodríguez • Víctor Rodríguez • Joaquín Rodríguez del Paso • Bernardí Roig • Adolfo Siliézar • Karla Solano • José Pablo Solís • Guillermo Tovar • Emilia Villegas.


Curador: Ernesto Calvo

11 marzo al 22 de mayo 2004, Museo de Arte y Diseño Contemporáneo

Salas I, II, III y IV.

Pintar o no pintar: ¿esa es la cuestión?

En un escrito a propósito del pintor mexicano Yishai Jusidman, la ensayista e historiadora del arte María Luisa Borrás, afirma que en un año tan lejano como 1839 ya se hablaba de “la muerte de la pintura”, a propósito de una muestra de daguerrotipos fotográficos en la Academia de Ciencias y Artes de París. De este modo, desde esa remota fecha (quizás existan otras más lejanas aún) la impronta de lo tecnológico, el dilema en torno a la representación -entre otras razones- ponían en jaque, en entredicho, la posible existencia o incluso sobrevivencia de la “pintura” en el panorama del arte occidental.

Desde esa fecha y hasta hoy, múltiples, variadas y bastante escandalosas han sido las “muertes” y posteriores “resurrecciones” que se le han atribuido a lo pictórico dentro del quebradizo y complejo panorama de los movimientos, tendencias, manifiestos o eventuales ocurrencias que la modernidad ha visto pasar por su ya saturada historia de nacimientos y/o fenecimientos estéticos e ideológicos

Por eso, la pintura como técnica o lenguaje, legitimador y dominante, desde el siglo XV y hasta el XX (incluyendo la actualidad) ha debido enfrentarse a los más disímiles avatares, que la han convertido en una de las más socorridas y elogiadas, pero a la vez polémicas y vilipendiadas expresiones del arte en Occidente

En ese sentido, con la muestra Cuidado ¡Pinta! o (De) construcciones pictóricas (asumida desde el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo) no pretendemos incursionar en el bizantino y por lo tanto inútil campo de las expectativas acerca de la muerte, la sobrevida o la buena salud de la pintura. Así, al ignorar tan radical aunque simplista disyuntiva, optamos por trascender su inconsistencia y vacuidad.

Quizás por ello, con esta exposición sobre “pintura”, más bien nos hemos propuesto explorar los muy diversos ámbitos -estéticos o extra-artísticos- desde dónde se puede asediar a la pintura, intentando ir más allá de ella, aunque partiendo (o llegando) siempre a ella misma: o sea, comprendiéndola en tanto eje articulador.

Así, al apropiarnos como título de una popular frase cotidiana de alerta, ¡Cuidado Pinta!, apostamos por una desacralización de lo pictórico en tanto técnica o expresión sublimada de un oficio, de un formato, de objet (iv) os y funciones incontaminadas, autosuficientes, específicas, puras…

Por otro lado, al optar por un subtítulo más teórico, especializado y codificado como (De) construcciones pictóricas, aludimos a la posibilidad –y a la necesidad- de asumir esos mismos ejercicios en torno a la pintura desde una perspectiva investigativa, experimental, complejizada y (auto) consciente.

Tales posibilidades se expresan en el término mismo deconstrucción, tal y como lo expuso el filósofo francés Jacques Derrida, quien expresa que lo “deconstructivo” intenta trascender las clásicas oposiciones binarias modernas, dentro de las cuales la estéril dicotomía acerca de la “vida” o la “muerte” de la pintura perderían sentido y valor.

En ese sentido, quizás por ello la muestra va más de la pintura-pintura (aún comprendiéndola), pero metamorfoseándose, hibridándose, estableciendo continuamente lazos de intercambio, de contacto, a nivel expresivo y formal, con otras técnicas más “tradicionales” como el dibujo, la escultura, la gráfica; o de lenguajes más “contemporáneos” como el video, la fotografía, el graffiti, la performance, las intervenciones, la instalación, el objeto intervenido, el ensamblaje, el collage, el diseño o lo digital, entre otras

Igualmente, la hibridación, el diálogo y la convivencia entre otros lenguajes y la pintura, se expande hacia intenciones similares en lo temático y discursivo, pues en la muestra es posible reconocer diversas reflexiones en torno al ejercicio pictórico mismo, desde lo histórico y/o institucional. A todo ello habría que añadir dilemas donde lo pictórico se expande y per-vierte con otros ámbitos sociológicos, antropológicos, políticos, culturales; inquietudes que se hallan en casi todos los artistas presentes en la exposición.

Finalmente, otra intención de la muestra, fue hacer que confluyeran importantes y reconocidos artistas nacionales e internacionales, con jóvenes valores que utilizan eventual o permanentemente la pintura como medio expresivo, más que como en fin técnico. Por otra parte, museográficamente se intentó crear conjuntos de obras que también dialogaran tanto a nivel formal como discursivo.

Entonces, las obsesivas interrogaciones acerca de la supuesta “defunción” o “supervivencia” de la pintura, tal vez podrían contestarse justamente desde la disolución de la pregunta y la dicotomía mismas; deshaciendo la posibilidad de emitir una respuesta afirmativa o negativa, definitiva y simplificada, y más bien apostando por una permanente investigación acerca de las infinitas posibilidades de interacción de la pintura con su propia historia y con su contemporaneidad, tanto la referida a sí misma como a la de sus imprescindibles vínculos con otros lenguajes o dilemas artísticos, estéticos, socio-políticos, culturales, etc.

En ese sentido, pienso que vale la pena citar una breve aunque incisiva y precisa reflexión del investigador Yves Alain Bois, cuando en un sugerente texto afirma: La pintura no está muerta. Su vitalidad sólo podrá ser examinada cuando nos hayamos curado de nuestra manía y melancolía, y creamos nuevamente en nuestra habilidad de actuar en la historia: (…): la difícil tarea del duelo del mañana.