
Por otro lado, al optar por un subtítulo más teórico, especializado y codificado como (De) construcciones pictóricas, aludimos a la posibilidad –y a la necesidad- de asumir esos mismos ejercicios en torno a la pintura desde una perspectiva investigativa, experimental, complejizada y (auto) consciente.
Tales posibilidades se expresan en el término mismo deconstrucción, tal y como lo expuso el filósofo francés Jacques Derrida, quien expresa que lo “deconstructivo” intenta trascender las clásicas oposiciones binarias modernas, dentro de las cuales la estéril dicotomía acerca de la “vida” o la “muerte” de la pintura perderían sentido y valor.
En ese sentido, quizás por ello la muestra va más de la pintura-pintura (aún comprendiéndola), pero metamorfoseándose, hibridándose, estableciendo continuamente lazos de intercambio, de contacto, a nivel expresivo y formal, con otras técnicas más “tradicionales” como el dibujo, la escultura, la gráfica; o de lenguajes más “contemporáneos” como el video, la fotografía, el graffiti, la performance, las intervenciones, la instalación, el objeto intervenido, el ensamblaje, el collage, el diseño o lo digital, entre otras
Igualmente, la hibridación, el diálogo y la convivencia entre otros lenguajes y la pintura, se expande hacia intenciones similares en lo temático y discursivo, pues en la muestra es posible reconocer diversas reflexiones en torno al ejercicio pictórico mismo, desde lo histórico y/o institucional. A todo ello habría que añadir dilemas donde lo pictórico se expande y per-vierte con otros ámbitos sociológicos, antropológicos, políticos, culturales; inquietudes que se hallan en casi todos los artistas presentes en la exposición.
Finalmente, otra intención de la muestra, fue hacer que confluyeran importantes y reconocidos artistas nacionales e internacionales, con jóvenes valores que utilizan eventual o permanentemente la pintura como medio expresivo, más que como en fin técnico. Por otra parte, museográficamente se intentó crear conjuntos de obras que también dialogaran tanto a nivel formal como discursivo.
Entonces, las obsesivas interrogaciones acerca de la supuesta “defunción” o “supervivencia” de la pintura, tal vez podrían contestarse justamente desde la disolución de la pregunta y la dicotomía mismas; deshaciendo la posibilidad de emitir una respuesta afirmativa o negativa, definitiva y simplificada, y más bien apostando por una permanente investigación acerca de las infinitas posibilidades de interacción de la pintura con su propia historia y con su contemporaneidad, tanto la referida a sí misma como a la de sus imprescindibles vínculos con otros lenguajes o dilemas artísticos, estéticos, socio-políticos, culturales, etc.
En ese sentido, pienso que vale la pena citar una breve aunque incisiva y precisa reflexión del investigador Yves Alain Bois, cuando en un sugerente texto afirma: La pintura no está muerta. Su vitalidad sólo podrá ser examinada cuando nos hayamos curado de nuestra manía y melancolía, y creamos nuevamente en nuestra habilidad de actuar en la historia: (…): la difícil tarea del duelo del mañana.
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