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Por Mario Rodríguez Guerras, colaborador de ArtStudio Magazine

I. Movimientos

De los tres aspectos físicos que componen la forma de la obra de arte, la materia es el elemento básico. La aplicación de los principios de razón suficiente (P.R.S.) a la materia debe limitarse a tres, puesto que el cuarto, la motivación, es inaplicable. Pero los otros, los P.R.S. del ser, del devenir y del conocer, se le aplican a la materia con la literalidad con la que la expone Schopenhauer en su obra sobre esta cuestión.

Así, el P.R.S. del ser, que trata de la geometría y las matemáticas, los conceptos a priori de todo fenómeno, o, si se prefiere, sobre el espacio y el tiempo,  afecta al aspecto perceptible de la obra de arte plástica en las primeras cuestiones: la geometría y el espacio. Por su parte, el tiempo y las matemáticas afectarán a otras artes. Existe una indudable relación entre la luz y el sonido, pues ambos permiten el mayor conocimiento del mundo y casi de forma inmediata. Pero la relación que se ha intentado establecer entre la pintura y la música carece de razón. El color que percibimos de la obra matérica es el de la materia, y como se prefiera, la del elemento constructivo o la del elemento representado. No es, por lo tanto, luz. Además ello implicaría negar los demás aspectos de la obra de arte, la técnica y la figura.

Piénsese simplemente que esta definición, en caso de ser cierta, le resultaría aplicable a cualquier obra plástica, por lo que la relación de la música y la pintura no se limitaría a la pintura abstracta y ni siquiera  a la pintura en exclusiva sino a cualquier otro arte y objeto que posea una componente plástica es decir, perceptible mediante la observación, pues la referencia a la luz y la música se podría aplicar metafóricamente a cualquier elemento perceptible del universo. Esta falta de exclusividad de una supuesta relación entre música y pintura debe zanjar definitivamente aquella interpretación del arte abstracto. En todo caso, el arte abstracto se correspondería con el bajo de la música; la composición, con la armonía; y la figura, con la melodía; con lo que el arte abstracto resultaría perjudicado frente al arte clásico denominado, con absoluta justificación, bellas artes.

Así que la pintura abstracta representa la aplicación del principio de razón del ser al primero de los elementos de la obra de arte, la materia, que a su vez constituía el P.R.S.  del ser de la obra de arte. No olvidemos que la causalidad constituye una serie infinita por lo que también será infinita la serie de explicaciones. El valor del arte abstracto no debemos buscarle en una relación directa con la voluntad, como establecen la luz y el sonido, sino en lo sublime a través del conocimiento, en la percepción de la inmensidad del universo, ya de su extensión ya de su fuerza, y bien de lo sublime dinámico o matemático, según entendamos la obra como una representación del universo o de un espacio inmenso pero delimitado que en cualquier caso nos supera. Efectivamente, la pintura abstracta posee mucho en común con el romanticismo, en el que se produce una exaltación de los sentimientos, pero a través de la intuición y no de la sensibilidad: mediata, a través del entendimiento y no inmediata, a través del sentimiento o conocimiento directo de la voluntad.

El arte matérico representa la aplicación del P.R.S. del devenir a la obra. Consiste simplemente en la representación del estado que ha alcanzado la materia en este lugar y en este tiempo como consecuencia de la causalidad, de la actuación de las fuerzas de la naturaleza sobre la materia. Y tal y como nos explica Schopenhauer para los cambios que sufre el agua según las circunstancias externas cuando nos trata de dar a entender ”la idea”, mostrándose como líquido, sólido o vapor, ya en reposo, ya ascendiendo o precipitándose, así el artista muestra un estado de la materia en un tiempo y un lugar.

De forma similar expone el arte conceptual la percepción del universo. Es, como se habrá adivinado, la aplicación del P.R.S. del conocer a la obra de arte. Y decimos que es similar al arte matérico porque identifica el objeto en el que se manifiesta la materia. Por ejemplo, el agua en estado líquido se puede manifestar como río o como lago; en estado gaseoso, como nube; y, en estado sólido, como copos o como carámbanos.

Estos tres movimientos de la corriente matericista son tres aspectos de una misma cuestión, el conocimiento de las características de un mismo fenómeno, el efecto que han producido las fuerzas naturales al actuar sobre una materia. Tres cuestiones que el estudio científico muestra por separado en ese intento desesperado del hombre racional de entender el origen de las cosas mediante la identificación del más minúsculo de sus componentes. Pero el tiempo, el espacio, la materia y las fuerzas naturales nunca podremos llegar a conocerlos más que por sus manifestaciones.

II. Sobre lo material en el arte

Kandinsky, y otros pintores antes que él como por ejemplo Gauguin, intentaron establecer una relación entre la pintura y la música, posiblemente con la intención de elevar la categoría de la pintura a la de la música, para igualar la sensibilidad que caracteriza un arte con el otro. Pero entre ellos existen distancias insalvables.

La luz es un objeto que sirve para revelarnos el conocimiento de otros objetos y sus posiciones (la separación que existe entre ellos). Pero no se revela a sí misma, lo que podemos comprobar en el espacio en donde aunque hay luz ésta no se percibe hasta que encuentra algún objeto cuyo conocimiento nos revela y con ese conocimiento advertimos la existencia de la luz. El cuadro, que es un objeto material, se revela gracias a la luz, nuestro conocimiento de la pintura es un conocimiento mediato. Por su parte, el sonido es también un objeto que sí se revela directamente él mismo. La música, es la manipulación del sonido para construir arte. La música es el propio sonido que, como se revela a si mismo, resulta ser un conocimiento inmediato. Tenemos ya establecida la primera diferencia entre la pintura y la música.

El conocimiento de la pintura se realiza mediante la percepción completa y simultánea de la obra. El sonido se conoce a través de la percepción de las sucesivas vibraciones que se producen en el aire. Los conceptos a priori del conocimiento son el espacio y el tiempo, que estarían relacionados con la geometría y las matemáticas. La pintura estaría relacionada con el espacio; y la música con el tiempo. Identificar la pintura con la música sería establecer una relación entre el espacio y el tiempo o, si se prefiere, transformar la geometría en sucesiones numéricas. Las consideraciones que hace Kandinsky en su obra “sobre lo espiritual en el arte” sobre formas y colores son válidas pero no tienen la trascendencia ni la profundidad que pretende darlas porque no producen el efecto emocional que asegura aunque sus composiciones sean susceptibles de una interpretación lógica o, precisamente, por eso. Su teoría supone la existencia de una relación entre la geometría y el tiempo, pero si consiguiera establecer esa relación resultaría que uno de los conceptos a priori no sería tal, sería un resultado del anterior, con lo que quedaría refutada la filosofía de Kant.

Si en la obra de Kandinsky las representaciones significaran solo notas deberíamos entender sus cuadros como partituras. Si las representaciones tuvieran únicamente un sentido simbólico, sus obras serían jeroglíficos. En ninguno de los dos casos estaríamos ante obras de arte sino ante signos realizados mediante representaciones complejas. Kandinsky debería haber nacido en una época como el renacimiento en la que hubiera podido expresar todos sus sentimientos. Kadinsky utiliza los significados de las figuras y los colores para realizar una representación en la que completa racionalmente el contenido de las formas que presenta pero ese valor añadido aumenta aunque no sustituye el sentido original de la obra abstracta como análisis intuitivo de la materialidad de la construcción artística que es la primera de las labores encomendadas a las vanguardias del siglo XX.