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Por Mario Rodríguez Guerras, colaborador de ArtStudio Magazine

Crítica, en 4 partes, a la falta de criterios para establecer teorías sobre el arte actual.

El objetivo del arte

Evitamos aquí utilizar la expresión del fin del arte para que no se confunda con la del final del arte. El aspecto externo del objeto de arte, compuesto de materia y figura, es el medio del artista para mostrarnos la idea, que es el elemento interno de la obra, aquello que nos quiere mostrar. Podemos definir entonces el arte como la expresión del sentimiento del hombre. Y podemos encontrar en este concepto dos significados distintos. Por un lado, el conocimiento de la esencia del hombre y de la aspiración a su elevación. Por otro, las sensaciones y el estado de ánimo de quien se expresa. Encontramos entonces el drama que exige Picasso y la sensibilidad que excita Wagner. De esta doble significación de una palabra resultan el arte dionisiaco y el arte romántico, y son las dos cuestiones que aparecen en el arte del siglo XX confundidas y la confusión es lo que va a dar lugar a los distintos criterios. Pero el hombre del siglo XX no cree en valores absolutos ni en la necesidad de sufrir y lo que propone es la superación de toda tragedia. Y tampoco le conmueve el sentimentalismo sino el conocimiento y éste le busca en la ciencia. Lo dramático y lo romántico serían sustituidos por el sentimiento de vacío del hombre y por la ciencia como conocimiento cierto que permitiría superarle.

Aproximación al origen del arte del siglo XX

Si observamos una pintura clásica nos percatamos de que está construida a base de óleo, acuarela, carboncillo, etc. Si cogemos ese elemento y, en primer lugar, suponemos que ese objeto pudiera ser cualquier otro capaz de tiznar, una tea,  nos percatamos de que lo que tenemos en las manos como material pictórico no es más que un objeto del mundo real. Propongo coger cualquiera de estos objetos y adherirle a un lienzo. Si, en segundo lugar, cogemos ese objeto entre nuestras manos y le trituramos, podríamos, con material adherente, sujetar los trozos a otro lienzo. Y, finalmente, propongo coger un tercer lienzo y presionar nuestras manos tiznadas sobre él.

Si decidimos poner como título a esas obras: la materia manifestada en un objeto, la esencia de la materia, y el color como extracto de la materia, podemos entender de esta forma el origen del arte conceptual, del arte matérico y del arte abstracto; y más aún, determinar el origen común de esos tres estilos fundado en el análisis de la materia de la que está construida la obra de arte clásica. El artista está realizando un análisis científico de la obra de la obra de arte para saber en qué consiste.

Si Maurice Denis estableció que un cuadro era antes que una representación una superficie plana cubierta de colores en un determinado orden, podemos advertir que también será una superficie cubierta de la sustancia de una materia; o que antes que una representación constituye la acumulación de objetos del mundo real. La obra de arte es entendida por el artista del siglo XX como un objeto concreto que es posible analizar estudiando sus diversos aspectos, objeto, materia y color. Pero debemos entender que el análisis de los aspectos de los elementos de la obra no constituye representación, sino ciencia.

Que, de la definición del arte como expresión del sentimiento del hombre, se entienda únicamente el drama de la vida, como hacía el arte clásico, o, el vacío existencial en que la sociedad de producción sume al hombre, como hace el arte actual, depende el valor que las teorías atribuyen a las obras de los artistas del siglo XX: Si el arte es la expresión de la fe en la ciencia y expresión de la vacuidad existencial, entonces,  toda forma de construcción plástica que incluya estos conceptos podrá ser considerada obra de arte. Si, por el contrario, el arte implica una superación técnica para expresar la idea del mundo, entonces deberemos admitir la teoría de quienes reducen el arte a las obras más exigentes.