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Por Mario Rodríguez Guerras, colaborador de ArtStudio Magazine

Crítica, en 4 partes, a la falta de criterios para establecer teorías sobre el arte actual.

La necesidad de una definición

La referencia que se tiene hoy sobre el arte es que arte es lo que hacen los artistas. Sin embargo, esta expresión no resuelve la definición del arte. En la época clásica, podía resultar válida puesto que nadie se consideraba artista hasta que era capaz de ejecutar una obra con la debida perfección. Pero, cuando la perfección no es una condición del arte, como ocurre desde el siglo XX, resulta difícil distinguir a un artista de quien no lo es, por lo que resulta difícil distinguir si su obra es arte. En consecuencia, la definición de que arte es lo que hacen los artistas, que lleva implícito que artista es el que hace arte, es una definición que ata de pies y manos a quien pretenda establecer una definición objetiva, a quien pretenda establecer que el arte debe ser algo concreto y no simplemente algo original,  algo novedoso o trasgresor.

Si un animal disecado presentado por un artista es arte, cabe preguntarse, lógicamente, la diferencia entre un artista y un taxidermista, y si cualquier animal disecado puede valer diez millones de dólares. Si la diferencia está en una explicación que ha encontrado el artista fuera de la obra que ha ejecutado, la misma razón, externa a la obra, puede ser trasladada e implantada en cualquier obra de un no-artista, con lo que la razón para no considerar esta última como arte queda difuminada. Si la razón para considerar artista a un creador consiste en la variedad de creaciones que puede aportar, seguimos dejando la definición del arte fuera de la obra que se ha realizado. Pero la variedad de creaciones no garantiza la calidad de las creaciones por lo que, remitiéndonos al origen de la creación, tampoco garantiza que el creador sea artista.

La confusión del arte se ha extendido no sólo a los límites del arte -aquella barrera que puede existir entre la obra de arte y lo que no lo es, estableciendo una igualdad entre el objeto cotidiano y el arte más elevado-, también ha alcanzado a la gradación de la calidad de las obras, y, una vez que se ha establecido un límite, parece que todo lo que lo supera se iguala en calidad. Finalmente, existe el criterio de establecer determinadas formas de representación como únicas formas del arte.

Estas tres consideraciones son muestra de la variedad y diferencia de los criterios que utilizan los críticos para analizar el arte y establecer su calidad, y es tan sorprendente que necesitamos incluso conocer el origen de sus distintos criterios para conocer el valor de las teorías que son las que finalmente determinan qué es arte y cuál es la calidad de cada obra. En definitiva, creemos que la condición de arte de una creación debe estar en el objeto creado y no en una explicación del objeto o en la intención de su creación porque esto ha llevado a consideraciones opuestas.

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