
Basquiat nació en una familia conflictiva, de origen haitiano, cuya influencia resulta evidente en toda su obra. Tanto los recuerdos de las discusiones entre sus padres, que se separaron cuando Él apenas había cumplido siete años, como la fascinación que sentía hacia la práctica y las leyendas acerca del vudú, se reflejan en muchos de sus cuadros. De esta manera, a pesar de desligarse muy pronto de los suyos, su pasado se mantuvo presente, como una “herramienta” fundamental, a la hora de sumergirse en el proceso creativo.

Superada la niñez, en la última etapa de la adolescencia, Basquiat decidió iniciar su vida independiente y abandonó su casa para enfrentarse a sí mismo. Se adentró en Nueva York sabiendo que quería crear, pero sin tener tan claro la disciplina artística en la que quería especializarse; prueba de ello es su ocasional interés por la música, que le llevo a participar en un conjunto como guitarrista a las puertas de los años ochenta; un período en el que también se relacionó con el movimiento punk y canalizó su necesidad de expresarse diseñando bisutería y pintando ropa que luego se dedicaba a vender. Así, poco a poco, de un modo completamente autodidacta, fue formándose e integrándose en un colectivo que estimuló las que habrían de ser sus dos grandes adicciones: la pintura y las drogas.
Con respecto a la pintura, en 1980 Basquiat, quien con frecuencia se ocultó durante su primera época tras el seudónimo de SAMO, participó en su primera exposición, el Times Square Show, pintando sobre una pared con brocha y spray (una de las técnicas que le aportaron un reconocimiento mayor fue la del graffiti); las críticas por parte de la prensa favorecieron la polémica. En 1981, junto con otros pintores y fotógrafos de Nueva York ya reconocidos –Keith Haring, Andy Warhol, Robert Mapplethorpe... -, expuso en el P.S.1, que tuvo lugar en un almacén vacío por el que pasó toda la bohemia neoyorquina, y cosechó un nuevo éxito.
Gracias a estos pequeños pasos, en 1983, se desplazó a Módena para respaldar con su presencia su primera muestra individual. De MÛdena, las telas, cartones y soportes varios que Basquiat utilizaba para plasmar su obra se trasladaron a una galería de Nueva York, donde el pintor que siempre se quejó de que en los grandes museos no se expusieran cuadros de autores negros, conoció a los marchantes de arte Bruno Bischofberger y Annina Nosei, quienes a partir de entonces se harían cargo de la gestión comercial de sus obras. Jean - Michele Basquiat había alcanzado el triunfo; algo que quedó más que demostrado cuando, en febrero de 1985, su foto apareció en la portada del dominical New York Times: se había convertido en el primer artista plástico de raza negra que conseguía semejante hazaña.

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