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De nombre Andrew Warhola, el máximo representante del arte pop era hijo de padres eslovacos que habían llegado a Estados Unidos en 1913 en busca de fortuna. Su padre, Ondrej Warhola, era montador y falleció cuando el joven Andrew tenía catorce años. Julia, su madre, se dedicaba a la limpieza y hacía flores artificiales que vendía en el mercado.

Andrew era el menor de tres hermanos y no admitía el mundo de pobreza que le rodeaba en su ciudad natal. Su deseo de huir le llevó a coleccionar autógrafos desde los seis años, imaginando en todo momento poder llegar a ser alguien para abandonar su casa. Acudiría a la Holmes Elementary School y todos los sábados a los talleres del Carnegie Institute of Technology, donde recibía clases gratuitas de pintura. La madre anima al joven Andrew a pintar, a dibujar y a interesarse por la literatura. En 1945 empieza sus estudios de pintura en el Carnegie Institute y en el último año de estudios dirige la sección artística de la revista estudiantil “Cano”.


Da clases de arte en el Irena Kauffman Settlement y trabaja ocasionalmente como escaparatista. En 1949 finalizó sus estudios y se trasladó a Nueva York, acompañado por su madre, consiguiendo pronto trabajo como ilustrador y dibujante en las revistas “Glamour”, “Vogue”, “Harper’s Bazar”, “Tiffany & Co.” al tiempo que colaboraba en agencias de publicidad. Cambia su aspecto al operarse la nariz y utilizar un peluquín blanco, quitándose la a del final de su apellido. En estos primeros años también diseña objetos y escaparates para Tiffany’s y zapatos para la prestigiosa firma I. Miller. Estos trabajos le permiten amasar una pequeña fortuna y conseguir que su madre viva con él definitivamente en Nueva York. Pero Andy quiere pintar y alcanzar éxito y dinero con sus cuadros, por lo que se pone manos a la obra. Sin embargo, su miedo a la pobreza- “me aterroriza poder perder todo en un minuto y volver a ser miserable, estar sin un centavo” afirmaba- le llevará a no abandonar sus trabajos publicitarios y sus diseños al tiempo que pinta.

El expresionismo abstracto que en aquellos momentos estaba en su máximo auge a Warhol no le llamaba la atención, interesándose especialmente por los productos de consumo y apreciando la importancia que alcanzaban la televisión y los medios como vehículos para extender el arte. El giro que Andy dio a la cultura popular al conseguir que los elementos de consumo se convirtieran en arte permitió la creación del arte pop. Así surgen sus primeras serigrafías de la sopa Campbell, las botellas de Coca-Cola, envases de jabón, latas de conserva, personajes del cómico mitos eróticos como Marilyn. Sus éxitos le llegan tanto de la venta de sus obras como de los premios conseguidos. Su siguiente objetivo -ya es rico- será hacerse famoso lo que lleva consigo exponer en las mejores Galerías, vender sus obras a la “beautiful people” y conseguir que los grandes museos de arte moderno posean alguna de sus obras.

Gracias a su contacto con Fred Hughes, su agente desde 1967, Warhol se convertirá en el retratista de la alta sociedad que va de Nixon a la Reina de Inglaterra, reviviendo de esta manera la técnica del retrato, captando el alma de sus modelos y empleando vivos colores. En la década de 1960 traslada su estudio al 231 de la calle 47 Este, donde se crea la “Factory” lugar de reunión y de experimentación en diversas actividades para los artistas “underground”. Warhol no solo se limita a la pintura, también hace cine, llegando incluso a anunciar en París su retirada de la pintura para dedicarse al séptimo arte. Será también en 1965 cuando el Instituto de Arte Contemporáneo de la Universidad de Pennsylvania organice su primera exposición retrospectiva, acudiendo unas 4.000 personas a la inauguración. Andy ha cosechado la fama deseada. Al año siguiente la exposición se organiza en Boston y con ese motivo se realiza un performance. Warhol ha diversificado su creatividad a todo tipo de actividades, desde el cine a la escultura, la multimedia e incluso el mundo editorial al formar parte de la dirección de la revista “Interview”. Al mismo tiempo, su arte es reconocido en todo el mundo, organizándose exposiciones en Estocolmo –cubrirá la fachada del museo con papel pintado de vacas-, Amsterdam, Berna y Oslo. “Lo que deseo es desafiar la jerarquía tradicional entre las disciplinas artísticas” manifestaba Warhol. En medio de este éxito, Valerie Solanas intentó asesinarle disparándole un tiro por la espalda en 1968. Recuperado, continuó con su frenética y polifacética actividad, introduciendo en su obra implicaciones políticas y psicológicas.

Esta década de 1970 será en la que realice la reproducción de la famosa fotografía de Mao Tse Tung con la hoz, el martillo y el signo del dólar. A pesar de su apariencia tranquila, la mente de Warhol bullía incansablemente en nuevos y diversos proyectos. Inauguró una discoteca en Nueva York llamada “Area” donde creó una escultura invisible con su propia persona, trabajó en una serie de televisión sobre la historia de la televisión, colaboró en una serie de obras con Basquiat y Clemente… El incansable artista enfermó e ingresó en un hospital de Nueva York donde fallecería el 22 de febrero de 1987. Sus funerales fueron celebrados en la catedral de San Patricio y acudieron alrededor de 2.000 personas. Su cuerpo descansa en su localidad natal de Pittsburgh, la ciudad que abandonó a los 20 años dispuesto a salir de la miseria y conseguir la fortuna y la fama o como él decía: “ser alguien y no un don nadie”.