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“Cuando uno logra hablar de sí mismo con honestidad, habla de la universalidad”

Humberto Canessa

La verdad es que necesitábamos incluir más artes escénicas en la revista, yo sabía que Humberto Canessa tenía en escena solo ese fin de semana la coreografía “Los Viejos”, entonces tomé la decisión de reseñar el espectáculo. No estaba ni remotamente preparado para lo que viví.


El proceso

Se llevó un año la preparación de Los Viejos, un largo trabajo de mesa tanto como de experimentación escénica.

Al final es un trabajo que desarrolla su tema, el envejecimiento (físico, anímico, espiritual, etc.), sobre tres ejes narrativos, el erotismo, la espiritualidad y la violencia, en otras palabras, la esencia de la vida misma.

El producto final atestigua la seriedad de su proceso de creación, conceptualmente bien abordado, un excelente trabajo físico y una puesta en escena precisa, con elementos de un fuerte carácter gótico y neorromántico hacen de la pieza un banquete visual, donde siempre quedan cosas por descubrir.

Mención aparte merece la mezcla musical realizada por Otto Castro, acorde en su totalidad con la puesta, no se limita a acompañar, sino que logra integrarse adecuadamente. La misma va desde reinterpretaciones de Aphex Twin hasta música original del mismo Castro.

Gente joven hablando de lo que los envejece

En alguna medida, Los Viejos es también una reflexión sobre el envejecimiento prematuro, la represión, esa forma de violencia que también ejercen la educación y la religión en nuestras sociedades.

Escenas como la orgía entre vitrinas, nos remiten a esta idea de lo reprimido, el espacio íntimo violentado por los condicionamientos sociales.

Después de todo, en Los Viejos el envejecimiento se define como: “una disminución del espacio físico y las posibilidades de vivir las experiencias”.

Esto es un estado ajeno a la edad física, que estamos expuestos a vivir en cualquier momento de nuestras vidas.

La razón

“Este país me envejece, después de tres años volver, volver ver a mi padre envejeciendo”.

Quizá el tema me toca muy personalmente, quizá las palabras anteriores, especie de confesión de Humberto Canessa sobre sus propias inquietudes, refieren a un drama universal, que el tiempo es inexorable y no sabemos que hacer de él hasta que no es muy tarde.

Canessa cuenta que fue su propio padre quien un día le dio un libro sobre “como envejecer mejor”, una especie de: “a mi ya se me hizo tarde, mira a ver si a vos te sirve”.

Así nace este acercamiento al “destino trágico” del que todos participamos, esta extraña ecuación cuyo resultado conocemos de antemano y esta formada por espacio y tiempo.

Finalmente agrega: “Mi padre empezó a morir en ese momento… él no llego a ver la obra”.

La experiencia

En Los Viejos, los espectadores viven el desconcierto, son convidados a asistir a la función directamente sobre el escenario, sin butacas ni barreras que los distancien de la acción escénica. Un intento por romper la “cuarta pared” y crear un espacio ritual, de comunión entre el público y la danza, en palabras de Canessa: “Si usted quiere entrar puede hacerlo”.

El público asiste de alguna manera a su propio velorio, así empieza el montaje, y finaliza con una fiesta, remitiendo a las fiestas tradicionales que tienen por tema la muerte, es como si Canessa tratara de advertirnos que mientras más neguemos nuestra esencia efímera, más envejecemos sin darnos cuenta.

Solo mediante la aceptación de lo inevitable podemos hacer catarsis, transmutar la muerte a través del carnaval, en exaltación de la vida, que finalmente, según Canessa:

“Es la carrera loca por llegar a un destino que no es otro que la muerte. Sin la muerte no habría sentido, ni memoria”.